27 de febrero 1989 – El Caracazo

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27 de febrero 1989 – El Caracazo

Tenia pocos años de edad en 1989 , aquellos días quedaron grabados en mi memoria, viví los acontecimientos desde la calle 8 y 9 de los Jardines del Valle, Parroquia El Valle en Caracas, uno de los sectores de mayor actividad durante estos tristes días. Mucha gente del cerro, mucha gente de los bloques y de las casas estaban saqueando los comercios, las panaderías, los pequeños automercados, farmacias, kioskos, mueblerías, todo estaba siendo arrasado. Personalmente vi como era destruido un kiosko para abrirlo y sacar las pocas cosas que tenía. Había mucha euforia por todas partes, grandes grupos de personas cargaban con jamones, piezas de carne, embutidos, enlatados, bultos de pollos, televisores, neveras, muebles, cocinas que llevaban como pudieran hacia sus viviendas. Era el pueblo drenando su frustración ante la gran inflación y el acaparamiento, despertando de su silencio, intentando obtener aquellas artículos básicos de los cuales carecían producto de una crisis económica, política y social derivada de la desastrosa administración de los presidentes Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi. Lamentablemente para nosotros, el pueblo, lo peor estaba por venir.

Aquella noche del 27 de febrero de 1989 nos refugiamos en los pasillos del apartamento, dormimos en el piso buscando protección de las balas perdidas. Vivíamos muy cerca de la Avenida Intercomunal del Valle. Se escuchaban muchas ráfagas de disparos, sirenas, gritería, asomarse a las ventanas era un gran peligro, se conocía de personas infortunadas que habían fallecido por disparos de balas aún estando dentro de sus viviendas. Había un toque de queda, estaba prohibido salir de las casas, las garantías constitucionales estaban suspendidas, asomarse a las puertas y ventanas eran un riesgo para la propia vida.

Los días siguientes fueron empeorando la situación, se escuchaban muchos disparos, más y más ráfagas, muchas sirenas, vidrios partidos, cadáveres en las calles. La represión fue desmesurada, se observaban muchos rastros de sangre, barricadas, destrozos, la situación fue contenida por el Estado de la peor manera posible, mediante la masacre. Pasado lo peor, pero aun en toque de queda, era una distracción – tétrica por demás- salir a la calle a recoger cientos de cartuchos de FAL que se encontraban por cientos.

A los pocos días, comenzó el Ejército a revisar casa por casa, apartamento por apartamento buscando artículos obtenidos durante los saqueos para ser decomisados y sancionados severamente. Hoy día, no debemos olvidar nunca lo sucedido, los responsables de aquella masacre denominada “El Caracazo” deben recibir todo el peso de la ley, para al menos aliviar la moral del pueblo víctima de aquel atroz atropello. Que la masacre no quede impune.

Es mi responsabilidad como ciudadano hacer referencia a esta fecha, hoy día quedan las cicatrices en los recuerdos de Los Valleros, aun se ven las marcas de balas en algunos edificios, marcas que están ahí para hacernos recordar las formas de manejar los conflictos sociales por parte de la Derecha y la Oligarquía en Venezuela.

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