Historias del 27 de febrero de 1989 o El Caracazo

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Historias del 27 de febrero de 1989 o El Caracazo

De “malandros y sakeadores” a héroes de la Revolución

La historia es una vaina, jajaja, ke lakreo con este peo del 27 de Febrero, cuando los barrios se les rebotaron feo a los ricos. De malandros y saqueadores como nos tildaron en aquel tiempo pasamos a ser héroes de la Revolución. Una vaina bien pues. Fue un acto de insurgencia pura, primitiva como nuestros orígenes llenos de arrecheras y resentimientos contra la maldita clase poderosa. Tan pura que dejo una estela de más de 2000 muertos del lao nuestro, (tanta pureza no se podía permitir) blanco de unos 4000.000 proyectiles que utilizaron los verdes y los pacos pa devolver al pobre a pa sus cerros de donde, según el poder y la burguesía no debió bajar nunca. ¡“Malditos malandros” decía el poderoso!. Tu saqueaste?, esa pregunta la he escuchado muchas veces en conversaciones sobre la fechita esta. Las respuestas siempre son más balurdas que la misma pregunta; como si el hecho secundario del saqueo fuese lo que le dio la dinámica apocalíptica a aquella fecha que marco la historia de mis hijos y que a su vez estos tienen la responsabilidad de guardarla para mis nietos. En esas conversas solo suelto esta frase-pregunta: ¿tú te arrechaste, vivías arrecho, soñabas con incendiar esta mierda porke ya no veías salida a la vaina? La imagen de las hordas del barrio con media res en el hombro cerro arriba, (hoy las mismas hordas Chavistas que construimos comunas socialistas en un intento por alcanzar sus sueños) tal vez recorra el mundo como señal de que el pueblo a su debido tiempo baja por lo suyo si lo joden mucho. Pero es más que eso, esa media res duro en algún rancho del barrio tal vez un mes o más, pero la arrechera, esa, la que fue el verdadero detonante de la rebelión popular del 27 de Febrero del 89 está intacta, allí, latente ante el maladreo chimbo en que anda la derecha , los poderosos y sus hijitos bien en contra de lo que estamos tratando de construir. ¡No la sueñen: si tenemos el lomo doblado ahorita, no es porke tamos sumisos no, es porke estamos echándole u cerro e bolas batiendo el barro de la historia pa levantar una vaina bien pa nuestros chamos,porai lo llaman Socialismo. Si te fijas bien, de vez en ves nos levantamos y volteamos a garitear hacia abajo, donde están ustedes, donde se ven las luces de noche, por si se atreven.

27 de Febrero a la carta

Caracazo

Caracazo

Menú para mañana:

Pa los Adecos y Copeyanos: “Esos vándalos tienen que ser sometidos por la fuerza, tenemos desplegados al ejercito para restaurar el orden publico”

Pa los de izquierda: “las condiciones objetivas estaban dadas para un levantamiento popular, nosotros, nosotros como vanguardia bla, bla, bla, bla,bla etc,etc,…..”

Pa el ejercito: “! Disparen, disparen, disparen, disparen, obedezcan les digo, les ordeno que disparen!”

Pa el pobre del cerro: “Papa, tengo hambre. Hijo yo también…”

Pa los medios de comunicación: “En estos momentos una ola de saqueos y disturbios generalizados recorre las calles capitalinas, mientras las fuerzas del orden publico tratan de dar seguridad a la propiedad privada, nuestro reportero Diocelis Aranguren desde el lugar de los hechos”

Pa el Fondo Monetario Internacional: “Los pobre que se jodan….”

Para la santa iglesia: “Dios esta con los pobres y el proveerá, el señor proveerá, robar es malo, nada justifica hechos de violencias y eso es condenado por el altísimo, les hacemos un llamado a que vuelvan a sus “hogares” y devuelvan lo robado y así el señor los perdonara. Todos digan amen….”

Pa el texto de historia: “Históricamente podemos definir los acontecimientos del 27 de Febrero como un hecho de envergaduras y consecuencias de tal magnitudes que definieron un nuevo curso en la historia política contemporánea del país, marcando un quiebre entre lo real y lo irreal”

Pa el malandro: “plomo con los pacos…”

Pa el oficialismo: “El 27 de Febrero sembró la semilla de la rebelión militar del 4 de Febrero donde los soldados patriotas decidieron enfrentar con las armas los vicios del puntofijismo”

Pa los burgueses: “poco de monos y malandros muertos de hambres robando y saqueando ignorantes, vagos en vez de trabajar y producir. Lo que les importar es ser unos parásitos, tal vez entiendo que se robaran una pan harina, pero una nevera! ..nojoda, eso es delincuencia pura”

Pa los que le echan bolas contando: “Cuatro millones de balas se dispararon contra un pueblo desarmado”

Pa la clase media: “taban asustaos, yo también….”

Pa el pobre que nunca se define: “Ay no, que marginal, lo que hay es que trabajar…”

Pa el nieto: “Mi abuela me cuenta que eso fue feo, que hubieron muchos muertos…”

Pal hijo: “Mama donde esta enterrado mi papa….”

Pa muchos chamo de ahorita: “Todo empezó porque aumentaron el pasaje es lo que he escuchado”…. vergaka: la historia reducida a 1000 bs

Pa Humberto fugado del Reten de Catia en esos días: de rodillas ante dos Guardia Nacionales: “no me mate por favor, coño pana no me mates”..pum!..Un tirote en la frente, limpio y certero.

Pa Doris, de los cerros de Los Frailes: “nunca lo sabremos…”
Pa Sebastián de la Calle La Línea: “nunca lo sabremos…”
Pa el “pollo” de Antimano: “nunca lo sabremos…”
Pa Juan Ernesto de Petare: “nunca lo sabremos…”
Pa 2000 mas como ellos: “nunca lo sabremos…”

Pa Guacaipuro: “500 años de sumisión y explotación convertidos en arrechera”

Pa los pobres de ahorita: “Esta pendiente otra coñaza….”

La rebelión del hambre

27 de febrero

27 de febrero

La historia es lakra y no se puede olvidar. Hoy tal vez la veamos con humor desordenado entre conversas y recuerdos. Siempre la papa, la comida  está presente en nuestras conversas, nuestro verbo. El hambre no se olvida, compis, se queda grabada en el estómago, donde rugía como cunaguaro al mediodía o entrada la noche. Esas imágenes se tatúan  en  la mente y se quedan allí maunque hoy tengamos cuatro papa diarias y más.

No hubo un día más arrecho y abundante en comida en las mesas o piso de nuestros barrios, que los que precedieron -creo que así es que se dice- al 27 de febrero del 89, cuando se vaciaron los depósitos de los especuladores que estaban a reventar, aunque cuando llegábamos con nuestra hambre y la de nuestros hijos a cuestas a pedirle fiao alguna cosa de comer  nos decían “no hay, y va a subir”. Esa era la respuesta

No hubo un día más arrecho y abundante en el cerro. Las ollas hervían en un festín sin fin en todas las cocinas del barrio, algunas de gas, otras de kerosene, algunas nuevecitas, estrenándose ese día, o simplemente  fogón y leña. Olores y sabores del botín de la rebelión del hambre.

Chuletas, perniles, embutidos y pavo con pollo, ¡coñiooo, hasta botellas de vino se destapaban!, una pa cada quien, pa tómanosla como jugo o refresco. El hambre de fiesta en el barrio. Muchos carajitos probaron por primera vez un tetero de leche, que hasta vómito les dio en esos estómagos hartos e hinchados de tanto llenarse con aquella dieta de pasta cocida o agua de arroz espesa. Al no haber más nada, no había ni jugos gástricos pa entender qué era leche.

Por días el barrio se dio el lujo de tener hasta su menú:

-¡Andrésss, ¿qué quieres comer hoy?!- preguntaba la gorda desde su cocinita nueva traída en hombros por el marido durante la fiesta del hambre, el 27 en la noche.

-Mándate unas chuletas con pasta, vieja, toavía queda res en la nevera (nueva también) pero si quieres monta otra vaina.

Hasta las notas en las tareas de los niños subieron por esos días. El hambre no estaba ni en el estómago ni en el cerebro. Hasta la abuela Josefina estaba rebelada: jamás volvió aceptar, después que se agotó el abundante mercado de la rebelión, una sopa sin presas, un plato de arroz sin su chuleta frita o desayunos hartos de cremitas de leche empacadas en potecitos que tenían una vaquita azul dibujada, y que se comía con los deos.

Murió al no comer más en abundancia meses después, añorando sus presas y crema, sentada en su mecedora azul traída en hombro cerro arriba por sus nietos el 28 de febrero, y que hallaron intacta entre los escombros de una mueblería saqueada y quemada donde un cuadro de Carlos Andrés Pérez aún guindaba en una pared. Cuando llegó el castigo, así murió la abuela.

El castigo llegó directo al estómago de nuevo, latigueando aquella rebelión del hambre del 89, primero cuando empezamos a darnos cuenta que no volverían muchos nietos, hermanos, padres, hijos y amigos. Fueron como tres mil los que recibieron cuatro millones de balas en la fiesta de los poderosos y sus verdes y policías. Ellos también hicieron fiesta y los invitados jamás volvieron. Pero lo que en verdad mató a la abuela Josefina no fue el dolor o el recuerdo de tres nietos que se fueron sin su bendición por esos días, y que salieron en  el televisor -nuevo también- como hampones abatidos durante los saqueos según la prensa de los poderosos.

Total, en sus años ya había visto morir asesinados a dos hijos por la policía, una hija por el hampa, y dos nietos que se metieron a comunistas antes de la rebelión del hambre y fueron desaparecidos en una incursión de los militares en el barrio. Lo que la mató fue el castigo que le fueron imponiendo al estómago del  barrio después de los días de la rebelión del hambre.

La suculenta chuleta fue suplida de nuevo por pellejos de reses que echaban también a los perros en las carnicerías. El muslo de pollo volvió a cambiar por patas de gallina, y la pasta sancochada -cuando se conseguía- volvió a ser el almuerzo de los niños y niñas que empezaron a bajar sus notas en las tareas a los peores niveles.

El castigo llegó a tal punto que el gobierno sacó un decreto en donde la perrarina y el nepe, comida de cochino, era el alimento oficial de los pobres en los cerros. Ante la demanda, éstas subieron a precios exorbitantes y se hacían colas inmensas para comprarla. El decreto establecía también que para sopa sólo se debía utilizar las patas de ganado y, en su ausencia, carapacho e pollo.

El hambre empezó a rebelarse de nuevo. El recuerdo de aquella abundancia saqueada al poderoso el 27 de febrero no perdonaría. El hambre empezó convertirse en otra cosa que porái llaman justicia. Había un hambre nueva revuelta con justicia, y nuevo condimento: resentimiento  y niños que se hacían grandes recordando cuando sus notas en las tareas subieron. Y nietos que enterraron a su abuela con sus deos olorosos a cremita de leche que venía en un potecito con una vaquita azul dibujada.

Y llegó el 04 de Febrero, con la rebelión de otra hambre, la de las arrecheras, la del resentimiento justo y las madres que recordaban el corto tiempo cuando sus hijos tuvieron buenas notas en las tareas.

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